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Educación y el entorno familiar

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Artículo de Carlos Alberto Aguilar Meza

Hoy más que nunca, César Vallejo y su famoso poema »Los nueve monstruos» está vigente, cuando de aquí se extrae la frase “Hay, hermanos, muchísimo que hacer». Claro ejemplo de lo mucho que tenemos que resolver en materia de educación, como lo hemos descrito en un artículo anterior.

Finlandia es el país que en los últimos años lideró con los más altos resultados en el rendimiento educativo, basados en la prueba PISA. Y son ellos los que establecieron de manera simple lo que denominan las competencias transversales: i) pensar y aprender a aprender, ii) tener cuidado de uno mismo, iii) saber expresarse y comunicarse, iv) competencias para una vida sostenible, v) comprensión lectora a través de distintos soportes, vi) gestión de TIC, vii) competencias para el mundo laboral y actividad emprendedora. 

Estas competencias transversales a simple vista y lectura no revisten complejidad alguna. Sin embargo, el modelo finlandés, sin lugar a dudas, tiene resuelto y reforma de manera permanente la ecuación compleja con múltiples variables que hemos descrito anteriormente.

Me gustaría describir aún más las variables planteadas, desde la perspectiva de un ciudadano neófito en materia de educación.

Qué podemos mencionar sobre lo que ocurre en el seno familiar: la alimentación diaria de los niños en los primeros años de vida debe estar alejada y exenta de la anemia y esto sigue siendo un tema pendiente. El problema de la anemia sigue siendo una agenda pendiente, en tanto que no se ha solucionado aún. No solo en el ámbito rural, sino también por su frecuencia en las ciudades. 

La ciencia nos demuestra que la anemia afecta considerablemente el desarrollo de un niño. Retrasa su crecimiento, disminuye su respuesta inmunológica y genera un considerable déficit de atención. Está claro que un niño mal alimentado o no alimentado, no será un sujeto en condiciones de aceptar o recibir una buena educación.

La dinámica familiar cotidiana –por múltiples razones– en la mayoría de hogares funcionales y disfuncionales no se desarrolla adecuadamente. El director de Adicciones del Instituto Nacional de Salud Mental, el médico psiquiatra, Martín Nizama, señaló a Andina (junio 2018), que en el Perú se incrementó el número de familias disfuncionales, donde hay permanente conflicto, mala conducta y abusos. La familia disfuncional conduce al hijo a la soledad y a un vacío espiritual, características que desencadenan trastornos de la conducta y comportamientos disociales que violan las normas sociales.

En junio del 2006, el BID, con la participación de SASE, presentó los resultados del Estudio denominado “Focalización de Barrios y Grupos Vulnerables”, como una iniciativa para apoyar la labor del Ministerio del Interior y la Policía Nacional, en la lucha contra la violencia y la criminalidad. 

Las variables exploradas abarcaron: Niveles de pobreza según zona, Niveles movilidad local, Reconocimiento legal de la zona, Densidad poblacional, Características de la vivienda, Acceso a servicios públicos, Vías de acceso a la comunidad, Nivel de mantenimiento del espacio público, entre otros.

El estudio concluye que es altamente probable que un niño que nace, vive y se desarrolla en un entorno disfuncional y de mucha violencia, genere también en su desempeño futuro y cuando sea adulto, un comportamiento disfuncional y violento. Lamentablemente, los tres niveles de gobierno poco o nada han hecho para revertir los aspectos negativos revelados por los estudios. Ni siquiera hemos cuantificado cuánta es la población vulnerable o en riesgo existente en nuestro país.

Hace algún tiempo, fuimos testigos del caso de un niño que, por interés propio y valiente, realizaba sus tareas bajo la iluminación de un poste de luz de la calle, cerca de su vivienda, demostración clara de la carencia de un ambiente saludable y con espacios suficientes en los hogares peruanos. Y ocurre en las ciudades. Imaginémonos esta dimensión en las zonas rurales.

Otro tema clamoroso en nuestras ciudades, plagadas de desconfianza y maltrato, es el entretenimiento, un bien que podría llamarse exclusivo para aquellos que tienen medios, pero no para la mayoría.

La pandemia reveló también que para la mayor parte de hogares no están disponibles materiales y tecnología suficiente para la educación. El transporte al colegio en ciudades y más aún en zonas rurales, también es otro gran ausente. 

He sido testigo, en la amazonia y en la sierra, de cómo los niños tienen que caminar a diario entre 5 a 6 kilómetros para llegar a sus centros de estudio. Toda una hazaña que no podemos dejar de reconocer, pero que debemos cambiar cuanto antes.

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